jueves, septiembre 30, 2010

Cuando soy niño (a) por segunda vez

"Mi querida Abuela a tus 92 Años"
Cuando soy niño (a) por segunda vez,
siento que el viento que me rosa puede romperme
que la sonrisa que llevo ya no es la misma
que mis manos y mis pies pueden parecer torpes
que mis ojos ya no lo ven todo y por sobre todo
que ya mi memoria no es la misma.

Cuando soy niño (a) por segunda vez
soy adulto y soy niño a la vez,
cuanta confusión esto me puede traer.
Cuanto temor?... o Cuanto alivio?
                Al sentirme niño (a) por segunda vez.
Apreciados lectores nos reencontramos nuevamente aquí en mi letras en mis sueños y pensamientos y antes que nada gracias por acompañarme.
Tal vez no hayan recibido desde hace ya algún tiempo mis escritos; sin embargo mi mente bulliciosa y soñadora ha estado activa conformando pensamientos y oraciones, para hacerles llegar como hoy lo hago otro de mis escritos, que definen como siempre mi opinión y aprendizaje.
Hace ratito recordaba una canción hermosa que de niña me cantaban, yo tarareaba y hasta tal vez ustedes se enternecían  cuando escuchaban.
“Duérmete mi niño (a) que tengo que hacer, lavarte los pañales y sentarme a coser. Este (a) niño (a) quiere que lo (a) duerma yo, que lo (a) duerma su mami que lo (a) duerma yo”.
Y por cosas de la vida recordé a mi abuela, mi querida “María de las Angustias” y al recordar su cara en esta foto tan hermosa que os regalo en este mi bloggers observo a una mujer hermosa de 92 años sonreír de las mil maravillas tan inocente y disfrutando de la vida sin escatimar nada en ella. Solo allí en su mente ella define sus palabras y movimientos, con gestos y sin pronunciar palabra alguna se hace entender, dependiendo de otros para asearse, comer,  caminando más que acompañada ya que sus pies no le ayudan de mucho y siempre requiere de alguien que le acompañe para descansar su cuerpo y mente. Por supuesto no puedo dejar de agradecerle a Dios por las grandiosas personas que hasta hoy han cuidado de ella y hasta se podría decir que en sus malos momentos de humor le han soportado, todo para recibir de ella esta sonrisa tan maravillosa.
Mi abuela una mujer de larga edad y tan corta a la vez, con un estado de ánimo tan espectacular que día a día le ha ayudado a sobrellevar sus altibajos de salud, es un digno ejemplo que la vida es totalmente hermosa y que disfrutarla y preservarla hasta donde Dios nos los permita es sencillamente nuestro único deber.
En realidad este escrito ha nacido no solo desde el ejemplo que ella me ha dado hasta ahora, sino de la diferencia de cómo otros hasta con menos edad que ella ven y viven la tercera edad como el término del camino.
Explicar al detalle lo que he comentado implicaría mucho más que un escrito; sin embargo me iré por los caminos verdes o por las ramas  -como me decía una gran persona que conocí en mis primeros años laborales cuando solo tenía 16 (claro que esto hace muy poco jajajaja)- para así transmitirles a ustedes mis observaciones, opiniones y por tanto el aprendizaje.
 Cuando nacemos no conocemos a nadie, solo se nos presentan diversas personas alrededor que dicen ser nuestra familia y vamos siempre de la mano de nuestra madre, padre u hermanos (as) ellos nos ayudan en todo, cruzamos la calle, nos leen, nos cuidan cuando estamos enfermos, nos consienten, nos cambian los pañales y pare de contar. Crecemos y crecemos  y en ínterin conocemos otras personas que se transforman en amistades y según la edad vamos independizándonos y cortando lo que llamaríamos el lazo que necesitábamos antes hasta para cruzar la calle.
Estudiamos y trabajamos para crecer en aprendizaje y por tanto esto también implica independizarnos cada vez más de nuestros familiares, hasta llegar en algunos casos a vivir en casas distintas ya sea porque nos casamos o sencillamente nos mudamos de ciudad o bueno nos fuimos jajajaja, en fin y sin tanto rodeo nuestra edad va en ascenso y nuestra vida transformándose.
Poco a poco llegamos a la edad que al parecer es más aterradora que los 30 para las mujeres jajajaja aquí me detengo solo para saludar a una amiga que cuando llego a esa edad sin hijos, soltera y sin novio para colmo no sabía qué hacer y de la preocupación hasta enfermo. Gracias a Dios prontito consiguió su media naranja y hoy día la disfruta junto a su hijo. Saludos para ti mi hermosa amiga. “Ojo pero no siempre sale así, como le digo a Gabriel –del apuro solo queda el cansancio-. Así que todo tiene su momento. No apresuremos, solo disfrutemos y atesoremos cada segundo de nuestras vidas”
En resumen pasamos de niños a adolescentes. De adolescentes a adultos contemporáneos… Jajajaja así es como se dice cuanto tenemos más o menos  25 años en adelante, ahora quien sabe hasta dónde llega el límite de adulto contemporáneo y comienza el de adultos mayores. Tal pueda definir sin distinción de sexo, que esta edad de adulto mayor o la tercera edad puede comenzar en promedio a los 60 años.
La tercera edad… tan temida por aquellos que se acercan a ella, cuando piensan solamente en las desventajas que el juego de nuestra mente nos hace creer. Aquellos que temen ante toda circunstancia depender del cuidado de otros, aquellos que piensan que solo su memoria falla, que han llegado al final y que tal vez lo que queda es esperar, aquellos cuyo humor ya no es el mismo, aquellos que son capaces de ahogarse en un vaso de agua, aquellos que en sus palabras se siente tanto desanimo que pueden lograr enfermar hasta las rozagantes plantas que se encuentran alrededor. En conclusión “Aquellos a los que la tercera edad puede parecerle tan larga que terminan sobreviviendo a la vida y circunstancias, con tanto temor, frustración y tristeza que terminan imbuidos en quejas constantes sobre lo que han perdido cuando en realidad solo pierden la oportunidad de lograr o continuar sus metas y sueños.”
Particularmente yo quiero dejar mi opinión sobre esta grandiosa edad y por eso este artículo comenzó describiendo a mi abuela y estoy segura que como ella hay muchos otros que ven esta etapa como una oportunidad distinta de vivir y convivir con otros.
Sin duda para algunos esta etapa será la óptima para continuar sus sueños  o en algunos casos para comenzarlos ya que tal vez por obligaciones económicas y/o familiares nunca pudieron dar el paso para lograrlo. “Si este es tu caso aprovecha este momento: La edad no es límite para alcanzar lo que deseas, el límite eres tú mismo”
La tercera edad parece desde el punto de vista de quien la vive propiamente tan o más incomprendida que la adolescencia, en mi caso particular cuando converso con mis padres sus palabras de incomprensión me hacen recordar la etapa de la adolescencia, con un temor a lo desconocido fulminante, con un desnivel hormonal increíble y con un Calimero -Un porque a mí?- que pesa más que 5 bloques en la cabeza (Jajajaja por Dios, se me cayó la cedula con lo de Calimero) y estoy segura que mis padres en mis tiempos de adolescencia se preguntaban que a quien había salido yo, con ese carácter de mapanare Jajajaja – Claro eso fue solo en esa época, no se lo digan a nadie Jajajaja-
Al parecer entonces como son incomprendidos debemos trabajar cuidadosamente y constantemente  la comunicación, escuchando atenta y activamente sus observaciones, así como hacerles saber lo mucho que les queremos y amamos esto aliviara sus confusiones y temores. A veces hace falta una llamada de atención cuando el pensamiento negativo de estar en esta edad aterradora les está ganando y les limita el disfrute propio y colectivo.
Ahora bien si resumimos lo descrito hasta ahora de niños (0 a 10 años) pasamos a adolescentes (10 a 20 en algunos casos hasta más edad)  de 20 a 60 años a adultos y de 60 en volvemos  a ser  adolescentes y niños al mismo tiempo.
Algunos no solo pasan por ser adolescentes nuevamente sino que también se acercan con mucha más rapidez a la niñez a esa época en la que todo te lo hacían, salías acompañado para todos lados de tu familia por el temor que algo te ocurriese o sencillamente para compartir y disfrutar juntos, aquel momento en el que los esfínteres urinarios y anales no estaban controlados, incluso a los días en los que nuestra memoria era tan corta que las ordenes que nos daban debían ser igualmente cortas para su proceso. Sin embargo esto no significa que no puedas sonreír como mi abuela a sus 92 años y con todas sus complicaciones de salud, y resplandecer día a día no como si fuese el último por vivir sino el primero en disfrutar.
Mis queridos lectores si eres tu el que se encuentra en la tercera edad disfrútala en todo su esplendor  y si por el contrario eres de aquellos que les corresponde el cuidado de estos, consiénteles al máximo que te dejen y liberales de el  cuándo te lo pidan ya que la libertad en mi opinión es el bien más preciado que debemos poseer todos.
Hasta el próximo sueño…

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